El largo camino hacia el Griego Moderno (1832-2018) I

En nuestro último encuentro, Grecia libraba las batallas finales por su liberación del Imperio Otomano. Finalmente, después de más de mil años de Imperio Bizantino y otros cuatrocientos de la Turkokratía, el pueblo griego recuperaba su libertad y su soberanía. Pero, ¿qué sucedió con la llamada “cuestión lingüística”? Acompáñenme a desandar la batalla final por la definición del Griego Moderno.

Los enfrentamientos por la traducción de los Evangelios al griego demótico, 1901.

El escenario político

Entre la Declaración de la Independencia en 1821 y el reconocimiento del Estado por parte de las potencias europeas en 1832, el pueblo griego había dado de manera precaria los primeros pasos por su organización política, en medio de ofensivas externas e internas: aprobó sus primeras Constituciones (1822, 1823 y 1827), eligió a Nafplio como capital provisional y a Juan Capodistria como primer Presidente (1828).

Sin embargo, la inestabilidad política interna tuvo su momento cumbre con el asesinato de Capodistria en 1831, justo cuando las batallas contra el Imperio Otomano llegaban a su fin, en buena medida gracias a la intervención de potencias extranjeras y del movimiento filoheleno. Las potencias que abrieron las puertas de la libertad al pueblo griego pidieron a cambio una devolución de gentilezas. Nos referimos nada menos que al establecimiento de una monarquía hereditaria cuyo rey fuera elegido entre las dinastías “libertadoras”. El afortunado fue Otón de Wittelsbach, hijo del rey Luis I de Baviera. Como se trataba de un menor de edad, el Reino de Grecia fue gobernado por un Consejo de Regencia hasta 1835. A partir de entonces, la monarquía en manos de Otón se volvió autocrática.  

Fue, entonces, un movimiento revolucionario en 1843 el que le arrancó a Otón una nueva Constitución y el que logró a la larga el cambio de monarca. Gran Bretaña, que ya había intervenido con anterioridad para establecer esta forma de gobierno, volvió a la carga y consiguió que la Asamblea eligiera al cuñado del príncipe de Gales, quien gobernaría con el nombre de Jorge I hasta 1913.

Las primeras batallas lingüísticas del Estado independiente

Retornemos ahora a la historia de la querida lengua griega. En nuestro último capítulo, comenzamos a contarles acerca del debate por la “cuestión lingüística”. Pero es importante aclarar que, hasta la creación del Estado griego, no había una única lengua hablada a lo largo y a lo ancho del actual territorio griego, que por otro lado no existía como tal. Había, más bien, un mosaico de dialectos -de los que nos ocuparemos en una próxima entrega-, entre los cuales se encontraba el peloponense (más tarde conocido como demótico).

Por el contrario, existía sí una única lengua escrita que intentaba “imitar” el antiguo griego y que era utilizada por la elite helénica ilustrada. Estamos hablando ni más ni menos que del kazarévusa, cuya principal característica, además de sus formas arcaizantes, era el sistema politónico de acentuación.

Una vez creado el Estado independiente, la pulseada entre el griego demótico y el kazarévusa se inclinó por este último. La lengua oficial estatal elegida fue finalmente el griego kazarévusa, siguiendo la propuesta de Adamantios Koraís (1743-1833), de quien hablamos en nuestro anterior encuentro. Koraís proponía una forma de la lengua purificada o “limpia” (es decir, “kazarós” en griego, de allí proviene el término “kazarévusa”), eliminando préstamos léxicos, especialmente turcos. La elección de esta forma arcaica del lenguaje coincidía con una fuerte presión clasicista que predominó la vida cultural griega de los primeros años de Independencia. Sucedía que volver la mirada hacia la sabiduría clásica era una forma de rechazar el pasado reciente de oscura esclavitud otomana. De hecho, la elección de Atenas como capital en 1830, en reemplazo de Nafplio, se explica más por su prestigio clásico que por sus bondades de entonces: por fuera del viejo acrópolis no había más que un caserío de barro habitado por cuatro mil almas.  

El griego demótico, por su parte, no se dio por vencido. Al fin y al cabo era la lengua hablada por las mayorías. Las minorías cultas, en cambio, capaces de leer y escribir en kazarévusa rechazaban por completo el uso del griego demótico de forma escrita. Pero un defensor de lo que ya era el “movimiento demótico”, Giannis Psijaris (1854-1929), encendería la chispa del debate nuevamente. Se animó a lo que nunca nadie antes: publicar en 1889 la que se considera como la primera novela en griego demótico. Se trató de “Mi Viaje” (Το ταξίδι μου), cuyo texto completo pueden encontrar en el siguiente enlace. Psijaris era consciente de que el idioma popularmente hablado necesitaba enriquecerse con términos propios del kazarévusa, pero creía que estas palabras debían “corregirse” de acuerdo a las reglas todavía inéditas que seguía el griego demótico.

Portada de la primera edición de la novela Mi Viaje de Giannis Psijaris.

Siguiendo el ejemplo de Psijaris, Aléxandros Pallis emprendió una serie de traducciones de canciones populares y obras clásicas en griego demótico, con el objetivo de contribuir con la formación del pueblo griego. 

Pero, sin duda, su traducción más conocida fue la de los Evangelios, publicada en el periódico Acrópolis en 1901. Tal fue el rechazo que causó la osadía de Pallis entre estudiantes y profesores universitarios que originó una serie de sangrientas manifestaciones en Atenas, los primeros días de septiembre del mismo año, con un saldo de entre ocho a once muertos. Los detractores de la traducción consideraban a los responsables de la publicación como “enemigos de la patria y de la lengua de nuestros ancestros”. Episodios semejantes volverían a repetirse en 1903, cuando un grupo de alumnos universitarios intentara impedir el estreno de la trilogía de Esquilo conocida como la Orestíada, la cual había sido recientemente traducida por el filólogo Giorgios Sotiriadis (1852-1942).

Estos episodios de comienzos de siglo marcaban que, a pesar de las batallas ganadas por el griego demótico, la guerra estaba aún en manos del kazarévusa y a favor de la diglosia… ¡No te pierdas los próximos capítulos!

Profesora en Historia egresada de la Universidad Nacional de Córdoba. Especialista en Docencia y TIC. Maestranda en Tecnología Educativa en la Universidad de Buenos Aires y Doctoranda en Historia en la Universidad Nacional de La Plata. Docente del Instituto de Educación Superior "Simón Bolívar", en las asignaturas "Historia Mundial II" e "Historia y Política de la Educación Argentina". Profesora de Griego Moderno en la Colectividad Helénica de Córdoba desde el año 2015.

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