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Los orígenes de la lengua griega: Tiempos de revolución

“Es mejor una vida libre de una hora, que cuarenta años de esclavitud y prisión” – Rigas Velestinlís

En el año 1669, la isla de Creta cayó en manos otomanas. El intenso movimiento literario que se desarrollaba en su interior se apagó. Sólo las Islas Jónicas se mantenían bajo dominio veneciano. La caída de Creta significó el comienzo de una nueva etapa: los años del despertar nacional griego en contra del Imperio Otomano.

Venecia, por su parte, se había transformado ya en el centro de la diáspora helénica en Occidente. La diferencia fundamental respecto del primer movimiento migratorio fue que esta vez los griegos se trasladaban para aprender de Europa occidental, y ya no para enseñar, como lo habían hecho a partir del siglo XV.  ¿Pero qué buscaban aprender? Corrían en Europa tiempos de renovación: la Ilustración y sus nuevas ideas despertaban el interés de comerciantes e intelectuales.

Durante el siglo XVIII y comienzos del XIX, los ecos de la Ilustración alcanzan finalmente al mundo helénico, dando paso al nacimiento del “iluminismo griego”. Los representantes de esta corriente de pensamiento despertaron la conciencia nacional y alimentaron los movimientos en contra de la ocupación otomana. Admiraban, además, la herencia cultural de la Antigüedad -la cual se había visto relegada hasta entonces- y creían que la educación abriría las puertas de la libertad.

La cuestión lingüística: kazarévusa y demótico

En este último período de la turcocracia, en el que el pueblo griego comienza a cuestionar con fuerza la dominación otomana, los intelectuales vuelven su mirada hacia su propia herencia cultural y su lengua. Como parte de estas preocupaciones, surge un intenso debate en torno a la diglosia: la coexistencia de registros en el seno del idioma griego -uno culto que adoptó más adelante el nombre de καθαρεύουσα (kazarévusa), y otro de uso popular y oral llamado δημοτική (demótico).

Este debate, conocido también como la “cuestión lingüística”, cobrará sentido ante la necesidad de difundir las ideas revolucionarias que llegaban de Occidente, particularmente después de la Independencia de los Estados Unidos (1776) y de la Revolución Francesa (1789).

Rigas Velestinlís (1757-1798), uno de los exponentes más destacados del iluminismo griego y de la lucha por la liberación, optó por escribir sus obras revolucionarias en griego demótico, con la intención explícita de que sus alumnos pudieran comprenderlas con claridad. Por el contrario, otro de los referentes del iluminismo griego como Adamantios Koraís (1748-1833), sostuvo que la lengua común debía enriquecerse con la tradición del griego clásico y evitar la influencia de lenguas extranjeras y las expresiones del pueblo inculto. Koraís representó, en realidad, una posición intermedia entre quienes abiertamente defendían un retorno al griego clásico y quienes se inclinaban por el uso generalizado del demótico. Este debate no se resolverá hasta fines del siglo XX.

Finalmente, el 25 de marzo de 1821, el movimiento revolucionario alcanza una victoria fundamental y declara la independencia. El proceso no se concretará, sin embargo, hasta 1832. Lo interesante es que el prestigio de la cultura y de la lengua griega provocó un movimiento filoheleno mundial que apoyó a los griegos en su lucha por la liberación. Las expresiones de este apoyo van desde los intentos de Voltaire por conseguir que Federico II de Prusia interviniera en ayuda del pueblo griego, hasta la llegada de Lord Byron para pelear en el campo de batalla. Este apoyo filoheleno fue clave a la hora de difundir la causa revolucionaria.

La llegada de Lord Byron a Misolongi el 4 de enero de 1824

Si bien hemos resaltado la pervivencia de la lengua griega durante los 400 años de duración del Imperio Otomano, quisiéramos destacar también la influencia léxica que el griego moderno heredó de las lenguas predominantes del Imperio Otomano como el turco o el árabe. De hecho, varias decenas de palabras que se usan cotidianamente corresponden a estos préstamos léxicos, y muchas de ellas son mundialmente conocidas como iconos de la cultura y la gastronomía griega contemporánea. Nos referimos a palabras como hasápiko (danza tradicional cuyo origen está en los carniceros de Asia Menor), musaká (el típico plato griego) o mezé (aperitivo o plato de entrada).

En 1823, Dionisios Solomós (1798-1857) compuso uno de los poemas más representativos de este período, el “Himno a la Libertad” que actualmente es el himno nacional en Grecia y Chipre.

Ζήτω η Ελλάς! ¡Viva Grecia!

Profesora en Historia egresada de la Universidad Nacional de Córdoba. Especialista en Docencia y TIC. Maestranda en Tecnología Educativa en la Universidad de Buenos Aires y Doctoranda en Historia en la Universidad Nacional de La Plata. Docente del Instituto de Educación Superior "Simón Bolívar", en las asignaturas "Historia Mundial II" e "Historia y Política de la Educación Argentina". Profesora de Griego Moderno en la Colectividad Helénica de Córdoba desde el año 2015.

Comentarios

  • Excelente artículo, claro y didáctico!!!

  • FRANCISCO GARCIA JURADO
    08/06/2018

    Me ha parecido muy interesante su texto. Como ya sabrá, en España, profesoreas como Gloria Mora, Pilar Hualde o Eva Latorre se ha dedicado al asunto del philohelenimo.
    Le paso el ámbito en el que yo trabajo, que no es el de la lengua, sino el de la historiografía de la literatura griega https://clasicos.hypotheses.org/2792

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